Publicidad en Taxis
Ayer me enfrenté al epítome de la publicidad intromisiva de mal gusto: la publicidad en taxis. Había estado todo el día en casa trabajando frente a la computadora y a eso de las 9 salí por primera vez a la calle para ir a comer a lo de mi viejo.
Era una noche muy agradable, ideal para ir caminando, pero por el hábito, la distancia y el apuro, tampoco me molestaba la idea de tomarme un taxi, ir con la ventanilla abierta, y despavilarme un poco.
Entonces paro un taxi, me subo, arranca, y en eso veo que se enciende una pantalla de plasma de unos 20cm. de ancho colocada en la parte trasera del apoya-cabezas del acompañante.
- Carajo. Y eso?
- Nada. Una pantalla. Pasa publicidad.
Al chofer, probablemente cansado ya de las mismas preguntas una y otra vez, no le copaba mucho el tema de conversación pero averigüé lo que pude: parece ser que hace más o menos un mes él y otro taxi tiene la pantalla a modo de prueba, para ver la respuesta de la gente, que según él dice, “está conforme”.
- Y no se puede apagar?
- No. Se prende y se apaga con el taxímetro.
Sentí el deber de pedirle que le comunique a quien corresponda que a mi me parecía una aberración, que al menos se debería poder apagar.
- Y qué querés, pibe? Así es la publicidad.
Así es. Durante todo el viaje de 7 pesos con 50 la pantalla me encandiló con las mismas tres publicidades mientras yo trataba sin éxito de abstraerme, mirar por la ventanilla y disfrutar de la brisa de verano.
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